martes, 12 de mayo de 2020

Viaje por Alemania

TERCERA PARTE: CULTURA, EJERCICIO Y MÁS CULTURA


Hola, queridos lectores. 


En la entrada de hoy voy a continuar con el viaje, que quedó un poco en pausa luego de la última entrada (que pueden ver aquí). No sé si también les pase, pero, a pesar de tener bastante tiempo disponible, es difícil concentrarse y realizar labores que no sean de entretenimiento (redes sociales, música, videos, etc.). En unas clases virtuales a las que asistí sobre un tema que me interesa, el profesor decía que siempre es bueno tener a alguien que te presione, en el sentido que te veas obligado en cierto modo a cumplir con una labor determinada. Seguramente funcione, así que haré cuenta de que ustedes son ese alguien que me presiona para publicar entradas con mayor frecuencia; recuerden que solo lo hago porque me gusta escribir, quiero mantener la mente ocupada y quiero compartir con ustedes mi experiencia.


Bien, volviendo al asunto central, mi viaje por Alemania, en esta cuarta parte les contaré algunas actividades que realicé para practicar mi nivel en el idioma y conocer más la ciudad (Colonia). Pueden tomarlas como consejos cuando hagan un viaje similar a cualquier país, porque en la mayoría de ellos se puede encontrar este tipo de actividades.



Cultura


No recuerdo si en alguna de las entradas anteriores les comenté que no quería pagar un curso de alemán, porque en su mayoría están enfocados en gramática y, así tengan un módulo comunicativo, no me parece que valga la pena pagar casi 200 euros por semana (y mucho menos cuando el presupuesto general es tan reducido). En todo caso, antes de llegar a Colonia me había contactado con una escuela para tomar una clase de prueba, que fue el día que llegué (luego de pasar por todo lo que pasé). 


Ese día, mientras mis compañeros de clase me decían sus nombres y hacían una pequeña presentación, noté que había una colombiana, paisa, para ser exacto. Era imposible no darse cuenta de su origen, ya que hablaba el alemán con el cantadito paisa característico. Desde que la vi supe que era una gran persona: alegre, con buen sentido del humor y dispuesta a darme consejos para pasar esos treinta días en esa ciudad. 


A pesar de que solo hablamos unos pocos minutos, me habló de unas actividades que se llevaban a cabo todos los días en la Biblioteca de Colonia, las cuales estaban enfocadas en el aprendizaje del idioma por medio de diferentes eventos: tándems, clubes de conversación, juegos de mesa, entre otros, y eran abiertas a cualquier persona, sin necesidad de inscribirse ni mucho menos de pagar. Me llamó la atención, porque sabía que en la biblioteca podía conocer a otras personas con quienes praticar, sin necesidad de gastar dinero en cursos de idiomas. Además, disponía de una cantidad de material inimaginable, que iba desde libros de literatura infantil hasta libros en alemán especializados en medicina. 


En ese lugar pasé gran parte de mis tardes, pues los eventos eran a las 5:00 p.m., pero yo llegaba a las 2:00 p.m., más o menos, para estudiar y leer. Claro, no siempre estuve ahí, porque entonces no hubiera podido conocer ni recorrer la ciudad de la manera en laqla lo hice, siempre con la bici como mejor compañera.


Resultó ser que un viernes, cuando salía de la biblioteca y me disponía a ir a cenar (en otra entrada les hablaré un poco sobre la comida), me topé con una gran caravana de ciclistas en la calle. No sabía de qué se trataba, pero me llamó mucho la atención y, como iban en la dirección en la que yo también debía ir, me les uní, sin más. Había toda clase de bicicletas: con carritos para cargar bebés o mascotas, con sillas para el mismo fin, con luces en todas partes, con sistemas de audio que cualquier automóvil envidiaría... Y cada ciclista con su historia particular. Eran muchos. 


Estaba asombrado por la cantidad de gente que montaba en bici sin un destino aparente y ese asombro hizo que los siguiera a dondequiera que fueran (Ya sé: ¿A dónde va Vicente? A donde va la gente.). Pregunté de qué se trataba y me dijeron que era el Critical Mass, un evento que se realiza los últimos viernes de cada mes y es una especie de protesta de los ciclistas para que se mejoren las condiciones de seguridad y movilidad para ellos. Hasta ahora me entero de que esto existe en diferentes ciudades del mundo. 


Pasé por lugares increíbles y en mi mente quedarán las postales magníficas que no pude captar con el celular, porque era de noche y el grupo se movía rápido. Sin embargo, aquí tomé algunas fotos.


Catedral de Colonia
Catedral de Colonia

Kölner Dom
Al fondo la Catedral, majestuosa

Lanxess Arena
Lanxess Arena

Ejercicio


Hacer ejercicio es algo que disfruto, no tanto correr, pero de vez en cuando lo hago, y no quería irme de Colonia sin poder decir que corrí por la orilla del Río Rin. Hay un camino hermoso para recorrer, y mucho mejor si es un día soleado. Ese día, no obstante, llovía. Mucho. 


Un sábado en la noche me propuse que al otro día iría a correr por aquel camino; con lo que no contaba era con que ese domingo amanecería lloviendo y estaría haciendo mucho frío. No me importó, porque ya me lo había propuesto y estaba decidido, así que tomé mi bicicleta y me fui hasta el Schokoladen Museum, donde la parqueé, y empecé a correr. Corrí mucho, bajo la lluvia, pero disfruté aún más de las vistas maravillosas del Rin y de las edificaciones que lo adornan a lado y lado. Se me dificultó tomar fotos, ya que el frío se multiplicaba por cien debido a la lluvia; ¿alguna vez han intentado manipular el celular con las manos mojadas y a una temperatura extremadamente baja? Lo hice y me resultó casi imposible, pero les dejo algunas tomas.

Río Rin
Río Rin

Rhein
Río Rin bajo la lluvia

Puente Hohenzollern
La perspectiva bajo un puente

Y más cultura


Hay muchas cosas que hacen que Colonia sea una referencia turística, no solo de Alemania, sino de todo el mundo. Una de esas cosas es el famoso Carnaval de Colonia, un carnaval lleno de colores, disfraces, música, licor y alegría; todo eso, pero al estilo europeo. En una próxima entrada les contaré mi experiencia en estos cinco o seis días de carnaval. 


Como era de esperar, la ciudad entera giraba en torno a este evento: todas las noches de febrero veía gente disfrazada saliendo de fiestas, algunos borrachos, otros no tanto, algunos gritando arengas carnavalescas originales en el dialecto propio de la ciudad, el kölsch... Había de todo, todos los días.


Unas semanas antes del Carnaval


Pero algo muy lindo que me ocurrió fue enterarme de que dos domingos antes de que iniciara el carnaval, en una construcción que solía ser una iglesia, harían una feria de carnaval, en la cual podría conseguir un atuendo especial para no pasar desapercibido ante los ojos del Gran Carnaval. Fui y me encontré con una feria llena de gente en donde había desde lo más pequeño (botones) hasta lo más extravagante, pero todo relacionado con el evento. Recorrí el lugar con curiosidad y entré a la iglesia, en donde había más puestos de ropa y accesorios. También había una zona de comidas y, cómo no, decidí comprar un postre alemán muy tradicional, hecho por las manos de una abuela 100 % alemana. Qué experiencia; inolvidable. Me sentía muy feliz por haber entablado una conversación sencilla con la señora, a quien felicité por el gran sabor de ese postre. Soltó una sonrisa al escuchar mis palabras en un alemán atravesado, pero parece que disfrutó de mi cumplido. A decir verdad, creo que yo disfruté más del postre y del contexto en general.


Ya estaba terminando mi recorrido por aquel lugar, cuando una vendedora se me acercó amablemente y me preguntó si necesitaba algo. Le dije que no buscaba nada en particular, pero que quería encontrar algo para usar en el Carnaval. Me imagino que ella era de las paisas alemanas, porque en seguida me empezó a mostrar los artículos que tenía y que creía que me quedarían bien; una vendedora genial. Resulté comprando una bufanda colorida y una medalla, que también son un acompañamiento para el vestuario de Carnaval. 


Ese día estaba tan feliz de haber vivido todo lo que viví en esa feria... Puede parecer insignificante, pero por alguna razón me sentí satisfecho y embelesado por la experiencia.


Kölner Karneval
Feria al interior de la iglesia

Feria precarnaval
Feria de carnaval

Apfelkuchen
Un delicioso postre 100 % alemán


Creo que dejaré esta entrada hasta aquí, porque no quiero cansarlos con mi relato. Espero que hayan disfrutado de esta cuarta parte de mi viaje y, sobre todo, espero que estén bien en estos momentos de crisis. Sigan cuidándose y siendo los ciudadanos responsables que el mundo necesita hoy más que nunca. 


Que sean felices.


Mauricio Téllez G.

2 comentarios:

  1. Que chevere OscarM, con todo lo que cuentas un viaje inolvidable, y que imágenes tan lindas te felicito mi cielo

    ResponderEliminar