CUARTA PARTE: MÁS CULTURA, COLONIA FC Y BONN
Hola, queridos lectores.
En la entrada anterior (a la que pueden acceder aquí), les hablé sobre algunas actividades que se pueden hacer en la Biblioteca de Colonia
y algunos paseos que hice por la ciudad. Hoy quiero compartirles algunos
planes culturales muy interesantes que se pueden hacer gratis. Además, les
hablaré del tour que hice por en RheinEnergie, que es el estadio del
Colonia FC, equipo de la Bundesliga donde juega el colombiano John Córdoba.
También hay un espacio dedicado a una ciudad encantadora llamada Bonn, que
es la ciudad del gran músico y compositor Ludwig van Beethoven, y de las
gomas Haribo, que son reconocidas mundialmente.
Un concierto agradable
Una de las razones por las escogí Colonia como la ciudad en donde pasaría un mes fue porque allí conocía desde antes a dos chicas muy especiales: Lisa y Nicky (por cierto, Nicky es fotógrafa y hace un trabajo espectacular; pueden verlo en su cuenta de Instagram). Ellas me recomendaron que descargara una aplicación llamada Rausgegangen, en la que aparecen diariamente eventos gratuitos y de pago que se llevan a cabo en la ciudad.
Un día, luego de asistir a alguna actividad en la biblioteca, Lisa me escribió para preguntarme si quería ir a un concierto en un sitio pequeño; era algo relativamente privado y gratuito. Como no tenía ningún plan, acepté la invitación y me fui en búsqueda del lugar. Cuando llegué, me di cuenta de que en realidad era bastante pequeño; no me imaginé que fuera así. Allí vendían cerveza, café, comidas de paquete y alguna que otra cosa más; era como una cafetería pequeña o, en mi opinión, como una cigarrería.
Creo que el lugar se llenó con unas veinticinco personas, de las cuales tal vez máximo una conocía al artista que se presentaba: un belga, cuyo nombre no recuerdo. Tenía una voz particular y el estilo de su música era bastante melancólico. Decía que su vida era viajar, estar de gira, siempre en su carro componiendo canciones tristes y viviendo de los miniconciertos que daba. "Pero eran gratis, ¿cómo le hace para vivir?", pensarán algunos. Pues de la venta de discos (creo que esa no es la forma más adecuada de ganar dinero hoy por hoy) y de las donaciones.
En Alemania hay algo que me parece muy curioso y es que en los eventos gratuitos pasan un sombrero entre los asistentes para que cada uno deposite una donación del monto que sea; hay gente que es muy generosa y dona 20 euros, pero creo que son más los que donan cinco o dos euros. En todo caso, vivir de estas donaciones es un trabajo tan admirable como arriesgado.
La pasamos muy bien en el concierto y tomamos algunas cervezas. Hablamos en una mezcla de alemán e inglés muy divertida y, al salir, las acompañé a la estación del tranvía. Estaba haciendo demasiado frío, porque ya eran más de las 11:00 p.m. (en pleno invierno alemán), pero el calor de una buena conversación hizo que el frío no fuese un problema. Cuando entraron a la estación, me subí a la bici y recorrí la ciudad para buscar mi hospedaje.
Por cierto, les recomiendo una aplicación de mapas que me fue muy útil durante todo el viaje, no solo en Colonia, sino en Múnich, en París, en Madrid y en Lisboa: Maps.me.
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| Concierto en Colonia |
Visita al RheinEnergieStadion, del Colonia FC
En otra ocasión, tal vez un domingo o cualquier día en la mañana, que eran los momentos en los que planeaba las actividades que realizaría, decidí que tenía que conocer, sí o sí, el estadio del Colonia FC, el RheinEnergieStadion. Empecé a indagar sobre su ubicación y el costo para entrar. Al ver que no era lejos y que estaba rodeado por mucha naturaleza, no lo dudé y me fui a conocerlo.
El estadio queda en una zona al occidente de la ciudad llamada Lindenthal, más concretamente en Müngersdorf. Como les digo, hay muchas zonas verdes, árboles y cuerpos de agua magníficos. Allí di un buen paseo, que me sirvió para pensar, respirar y admirarme por la belleza del paisaje.
Cuando terminé el paseo, fui al estadio, compré la entrada para hacer el tour y, como era la siguiente semana, me devolví al apartamento, no sin antes preguntarle al vendedor sobre la posibilidad de ver algún entrenamiento o conocer a los jugadores; de verdad quería conocer a John Córdoba, no porque fuera mi ídolo de infancia, sino porque es un referente del equipo: ¡es el goleador! El vendedor me dio toda la información sobre los partidos y los entrenamientos abiertos al público.
A la semana siguiente, con la información que me dio el vendedor y con la motivación de ver al equipo entrenar, me fui al sitio de entrenamiento, que quedaba muy cerca del estadio. Allí pude ver una sesión con todo el equipo. Yo estaba de pie y tan solo una valla nos separaba a los espectadores de los jugadores. Fue interesante ver todos los ejercicios y secuencias que hicieron; ahí me di cuenta de que son unos verdaderos profesionales y de que tienen demasiado nivel. También me imaginaba: "si así es un entrenamiento de un equipo medio de la Bundesliga, ¿cómo será uno de un equipo top español o inglés?" Tal vez algún día tenga la oportunidad de presenciar una sesión, ojalá del Chelsea FC.
Estaba satisfecho por haber estado ahí, pero aún quería mi foto con Córdoba. Cuando el entreno se acabó y los jugadores firmaban autógrafos mientras salían por un camino estrecho, le hablé a Córdoba en español, naturalmente. Creo que se sorprendió cuando me escuchó, porque en seguida sonrió al escuchar a un compatriota. Cruzamos un par de palabras y me tomé esta foto junto a él. Misión cumplida.
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John Córdoba |
En cuanto al tour por el estadio, puedo decir que fue fantástico, porque la guía era superamable y tenía la información muy clara; además hablaba con muchísima seguridad sobre la historia del equipo y del estadio, que nos dejó a todos sorprendidos.
Como es habitual en un tour de estos, entramos en todos los rincones del estadio e incluso salimos al campo de juego tal y como lo hacen los jugadores en días de partido, es decir, con la música de ambiente y por el mismo camino. No sabía que este equipo moviera tantas pasiones a nivel internacional; lo digo porque había una chica inglesa que incluso lloró cuando escuchó la canción del equipo mientras salíamos al campo de juego. Por supuesto, la cancha es sagrada y no permiten que nadie pise el terreno de juego, so pena de ser expulsado inmediatamente del tour. Definitivamente, fue toda una experiencia haber estado en el RheinEnergieStadion.
Bonn
Siguiendo con nuestro itinerario para esta cuarta parte de mi viaje, vamos ahora a Bonn, una ciudad mítica, llena de historia y de belleza. En el año 2018 ya había tenido la oportunidad de estar allí, pero no había podido recorrerla como lo hice esta vez.
Para empezar, debía buscar cómo llegar desde Colonia, y, como es de esperar para una ciudad tan cercana, la opción más simple era tomar el metro. Sin embargo, esta no es una opción económica para alguien con un presupuesto tan reducido. ¿Qué hacer entonces? Tomar la bicicleta y pedalear durante unas dos horas, aproximadamente, hasta llegar al centro de Bonn. En el camino vi unos paisajes increíbles y, saliendo de Colonia, me topé con las casas más lujosas que había visto hasta ahora en Alemania. Todo era muy lindo, menos el clima, porque hacía viento, lloviznaba por momentos y tenía que estar mirando el mapa en el celular constantemente. Sin embargo, tenía la meta de llegar a Bonn para poder hacer tres cosas: entrar a la casa de Beethoven, recorrer el centro histórico y el mítico Bundesstadt e ir a la fábrica de Haribo. Estaba motivado.
Cuando llegué a Bonn, estaba lloviznando; menos mal tenía una capa para la lluvia, que me acompañó todos los días de mi viaje. En el centro de la ciudad busqué dónde dejar la bici, me comí un par de sándwiches que había llevado y entré al museo de Beethoven. No recuerdo cuánto me costó la entrada, pero sí recuerdo que me dieron un descuento por mostrar mi carnet de estudiante (he obtenido varios descuentos con ese carnet, así que, si tienen uno, no importa de qué universidad, llévenlo siempre a sus viajes).
El recorrido en el museo dura aproximadamente una hora y media, dependiendo de las partes en las que uno esté interesado. Te dan una audioguía disponible en numerosos idiomas y solo tienes que reproducir la pista con el número que coincide con la parte del museo en la que estés.
Me sentía muy cansado por el trayecto en bici y por el recorrido en el museo, pero sabía que aún me quedaba mucho por hacer, así que fui a caminar por el centro de Bonn. Recorrí las calles históricas, el Bundesstadt y entré a una iglesia que me pareció llamativa.
De ahí me fui a Haribo, a unos veinte minutos. Me parece increíble que la gente vaya a hacer mercado de dulces; van familias enteras y llenan los carritos de mercado con los productos de la marca, que van desde las tradicionales gomas de los ositos hasta útiles escolares. Es un sitio grande y en las cajas registradoras hay degustaciones de gomas. Ah, se me hace agua la boca mientras escribo estas palabras.
Allí compré una buena cantidad de dulces para llevar a Bogotá y repartirlos entre mis seres queridos, pero a ellos siento decirles que ya no queda nada de todo lo que compré; esas fueron mis provisiones durante los dos primeros meses de confinamiento. Lo siento mucho, pero déjenme decirles que las disfruté.
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Fábrica de Haribo en Bonn |
Ya casi eran las 6:00 p.m. Como se podrán imaginar, estaba muy cansado por todo lo que había hecho durante el día, pero aún me faltaba regresar a Colonia. Otras dos horas pedaleando, sin haber almorzado bien, en la oscuridad y la soledad del camino y el peso de la maleta, que ahora estaba cargada con las gomas y con una botella del que para mí es el mejor trago del mundo: Jägermeister. Vi una edición especial que no había visto en Colonia, así que decidí comprarla y llevar un poco más de peso; al fin y al cabo, solo eran dos horas más pedaleando, ¿no?
Admito que el trayecto fue un poco tenebroso, porque tomé un camino por la ribera del río Rin: no había luz y todo lo que podía ver era gracias a la pequeña lámpara que tenía en la bici. Recuerdo que le rogaba a la vida que, por lo que más quisiera, no se le fuera a acabar la pila a la lámpara, porque entonces estaría en problemas. A mi lado derecho estaba el río, y a mi lado izquierdo, una colina con casas. Había unos cuantos caminos para salir de allí, pero eran bastante empinados, así que decidí seguir por la ribera. Todo iba bien, hasta que me encontré con que el agua tapaba la vía: ¡no podía seguir! Me asusté un poco, porque tuve que dar media vuelta y buscar uno de esos caminos empinados para poder salir de ahí. Cuando por fin salí a la carretera, me sentí aliviado, aunque aún me faltara más de la mitad del camino por recorrer y ya estuviera completamente oscuro.
Río Rin








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